14 nov. 2017

RENACER

Fotografía por Elba Koschel



Un día me comprometí a seguirte, seguirte hasta el fin del mundo si esto me fuera posible. Busqué desesperada los caminos y tropecé infinidad de veces, el cansancio se apoderó de mí otras tantas, pero no claudiqué, no me lo tenía permitido, jamás lo haría. Cada vez estabas más lejos, pues te movías a una velocidad imposible para mis piernas, así lo ordenaba tu egocentrismo y ya eras inalcanzable para mis alargadas manos, y el deseo de retenerte fue disminuyendo.
Mi corazón palpitaba más fuerte aproximándose al colapso. Mi mente le ordenaba a mi cuerpo el reposo, ya no daba para más, me faltaba el aire y un repentino torbellino me atrapó, así estuve días, meses, años. Mareada por la vida y tu ausencia, me fui derrumbando cada día y caí de lleno sobre la hierba a un lado del riachuelo. Una retraída ave me observaba, se reía de mí. Se veía tan solitaria, peor que yo, y creo que hasta un gesto lastimero me ofrendó.
Desvié la mirada y la ignoré. Cada quién sigue su vida, ella con sus alas y yo aquí tumbada, desganada, derrotada.
Dentro de mi cansancio, con un cuerpo vencido y los anhelos que no me permitían rendir, elevé la frente y mis ojos enfocaron tu figura, dibujando momentos pasados, sonrisas, abrazos eternos, mi mente se llenó de ti.
Supe que me esperabas, aunque te divisaba de espaldas frente a tu destino, tratando de fingir tu tempestad, tercamente sumido en tu entorno. Buscando pretextos donde no existiera yo, también huías de mí, de mis recuerdos.
Pero los dos corazones, el tuyo y el mío, liados con un listón de colores desde el comienzo, conversaban sin cesar, se decían tantas cosas bonitas en un tono firme y melodioso. Traspasando las fronteras del orgullo, comenzaron a sonreír y fue así que empezó una tibieza inexplicable  en mi ser, me llenó de fuerza.
Entonces, con las exageradas palpitaciones en mi pecho, comencé a enderezar lenta pero decidida, aunque mi cabeza vaciló repetidamente enterrándose en la arena, logré ponerme de pie.
Y con la solidez de la promesa que te hice, ahogando mi egoísmo empecé a dar los pasos, uno tras otro en tu dirección.
El ave alzó su vuelo firme salpicándonos con una mirada de esperanza, irradiando complicidad, con una seguridad propia de los que ven el mundo desde arriba.
Nosotros, aquí abajo, nos dejamos llevar por los sentimientos del pasado, nuestra vida resurgía de nuevo.

POR NORMA VELÁZQUEZ-JURGEIT

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