1 jun. 2016

PROGRESIÓN





Simplemente…  no soy la misma

N
o me aferro a usted más, sé que fue el momento de partir, solo que egoístamente  soñé que me pertenecía y su lugar era junto a mí. La vi tan fuerte, la sentí  cuando busqué refugio entre sus brazos sintiéndome niña y escuchaba el palpitar de su corazón acurrucada en su regazo, protegida ante el mundo, ante la vida, usted era mi roble, el pilar donde recargarme, refugiarme de mis miedos, mis inseguridades. Hoy he abierto mis manos y la he dejado ir, pero me consuelan sus amados recuerdos de los que pienso vivir.
Cuál chiquilla al despertar, busqué corriendo cada mañana la tibieza de su cama para sentirme amada, protegida y robarme un momento más de esa cercanía que cambia con la edad y entonces, creyéndome toda una experta, la olvidé por temporadas. Porque pensé que yo era la única con el derecho de alejarse, pero siempre regresé con la singular razón de saberla mía, porque ese era mi lugar y segura estaba que me esperaba, que siempre lo haría.
Sí… también la vi de soslayo y con dolor oculto sufrir por mis imprudencias, cuando pensé que era yo contra el mundo, pues éste desafiante me hechizaba allá afuera, por lo tanto no me quedó otra que hacer sus advertencias a un lado y empecé mi lucha por la vida, algunas veces perdí y otras gané y mi consuelo fue saber que siempre estaba ahí… para mí.
Quise hurgar en mi memoria para sacar el más viejo de mis recuerdos, pero son tantos madre mía y en todos está usted que será imposible que la olvide. Hoy he guardado mi sufrimiento por su ausencia, mis ojos ya no tendrán la dicha de verla, pero mi pensamiento la atrae a cada momento y mi corazón abarca su rostro y su sonrisa.
La imagino en un cielo lleno de alegría, la imagino feliz, tranquila en un lugar digno para una reina, rodeada de abundantes flores, ríos de agua mansa, de pajarillos que le cantan y de infinitos cielos carentes de tormentas.  La veo disfrutando con una sonrisa eterna en una paz absoluta.
Ha cambiado mucho mi vida con su partida, simplemente no soy la misma, pero me cobijo en los recuerdos, en el eco de las voces,  en nuestras vivencias, sus invaluables enseñanzas y esos momentos felices que solo se viven entre madre e hija.
Y  hoy mamá, cierro mis ojos, abro mi corazón y sobre la cima de mi razonamiento, mi abnegado altruismo,  la estoy abrazando fuerte, expando mis manos y la dejo ir. Desde hoy la buscaré en el agua, el aire, las aves y el firmamento e inhalaré el perfume de su recuerdo con devoción, con amor.
Mientras me deleito con su eterna sonrisa, agradezco a la vida, al universo por la gran bendición al prestarme un ángel, al mejor ángel del cielo.

(A catorce meses de su partida)


NV-J